Samy Benmayor es un reconocido artista (pintor) chileno que en una entrevista dice cosas que van muy a propósito de las bizantinas discuciones de nuestros hermanos sikuris.
El artista, el buen artista, no es más que un ‘ladrón’ capaz de transformar su ‘botín’ en un tesoro aún más rico y valioso, condenado a ser ‘robado’ a su vez, para ser enriquecido y ‘hurtado’ progresivamente en una espiral de creatividad, goce y conocimiento que se expande y expandirá hasta el infinito. Ser ‘ladrón’ o ‘pirata’ en el arte no es malo, en este sentido natural, casi ‘robinhoodiano’, de las palabras. Lo realmente nocivo es no reconocerlo y, peor aún, erigirse en albacea y guardián celoso de lo aprehendido, cercenando esa preciosa cadena de colaboración que nos ha venido haciendo crecer a todos. Aquel que ‘roba’ y es incapaz de compartir, pretendiendo disfrutar en exclusiva de lo ‘hurtado’, no puede ser considerado, en rigor, ‘ladrón o ‘pirata’.
Son palabras que seguramente harán reflexionar a nuestros avariciosos (con el arte) amigos. (Si logran entenderlo, claro)



